
El romanticismo de Ricardo Arjona reinó en la penúltima jornada del festival de Viña del Mar 2010, en la que el guatemalteco enamoró una vez más a miles de fanáticas que le entregaron todos los premios del certamen. El público cayó rendido por los encantos de Arjona apenas cantó “El del espejo”, “Acompáñame a estar solo” y “Realmente no estoy tan solo”.
Definitivamente el guatemalteco es uno de los favoritos del “monstruo”, sobrenombre del público que, con aplausos y gritos, endiosa a sus preferidos y los condecora con las antorchas de Oro y Plata. Pero si el artista les desagrada, lo castiga con pifias que apuran su salida del escenario.
El guatemalteco se despidió para volver en un par de minutos y dijo que los premios del festival “no son trofeos que hay que pedirlos, hay que merecerlos”, en clara alusión al puertorriqueño Tito El Bambino, que el jueves, cuando apenas había cantado dos temas, empezó a pedir premios, los que recibió después de mucho rogar. Tras una hora y media en el escenario, Arjona recibió la antorcha de Plata, pero el “monstruo” exigió más y le fue entregada la antorcha de Oro. Luego de “Señora de las cuatro décadas” y “Pinguinos en la cama”, llegó la Gaviota de Plata, pero el público pidió aun más y, como no hay un premio mayor, voló a sus manos una segunda Gaviota. “Mujeres” cerró un concierto de una hora y 50 minutos.
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